30N DÍA INTERNACIONAL DE LA LUCHA CONTRA LOS TCA

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Cada vez más son las voces que consideran que las violencias corporales contra las mujeres son una forma más de violencia machista. Son voces que desde hace décadas resuenan en nuestra cabeza gracias a feministas que han analizado la conjunción patriarcado-industria de la belleza como Betty Friedan (La mística de la feminidad), Naomi Wolf (El mito de la belleza) o Esther Pineda (Bellas para morir), voces que nos dejan claro que lo personal es político, que nuestra insatisfacción personal y particular es política y común a todas las mujeres y que en cualquier parte de este mundo patriarcal las mujeres estamos sometidas a unos ideales de belleza específicos de cada cultura que afectan directamente a nuestra salud física y mental.

La violencia corporal es aquella violencia que se realiza en contra de una persona por las características de su cuerpo, ya sea física, verbal o a través de la creación de complejos e insatisfacciones mediante el sostenimiento de unos cánones estéticos o ideales de belleza que cambian según la moda o el lucro de la industria de la belleza. Entendemos que la belleza no puede ser un determinante en las vidas de las mujeres, que nuestro valor no reside en ser femeninas, en ser un cuerpo situado para y al servicio de los otros, de la mirada y aprobación de los varones.

Este año, de cara al 30 de noviembre, Día Internacional de la Lucha contra los TCA, desde Federación Mujeres Jóvenes hemos elaborado una encuesta anónima y voluntaria a mujeres jóvenes para dar a conocer cómo se relacionan en la actualidad con su la alimentación y con su cuerpo.

262 mujeres jóvenes entre 18 y 30 años residentes en España han participado en la encuesta sobre la relación con el cuerpo y la alimentación en mujeres jóvenes del proyecto No Seas PRESA de la Talla. De todas ellas, el 92,75% de las participantes indicaron tener conocimientos sobre feminismo.

Un 6,9% de las participantes indicaron que no les gustaba nada su cuerpo, un 32,3% indicaron que muchas veces no se sentían a gusto con su cuerpo, el 50,8% indicaron que algunas veces tenían dudas/insatisfacciones con su cuerpo y un 10% indicaron que les gustaba su cuerpo.

El 86,9% (226) cambiaría alguna parte de su cuerpo. De las 226 participantes que indicaron que cambiarían alguna parte de su cuerpo, 113 (50%) indicaron que cambiarían 2 o más partes de su cuerpo y 11 expresaron que cambiarían todo de su cuerpo. Las partes que expresaron que más cambiarían son: zona abdominal (101 participantes, 44,7%); piernas (71 participantes, 31,4%); pecho (39 participantes, 17, 3%) y nariz (32 participantes, 14,2%).

El 60,7% indicaron que habían realizado alguna vez una dieta para cambiar su físico, de las cuales el 34,2% había realizado 5 o más dietas a lo largo de su vida. Casi 7 de cada 10 mujeres jóvenes han realizado alguna dieta para cambiar su físico.

A la pregunta de respuesta múltiple “¿por qué querías cambiar tu cuerpo?” al realizar una dieta, el 83,2% indicó que era para verse mejor ellas mismas, el 39,6% para agradar o gustar más a los otros/las otras; el 33,6% por salud y el 32,9% porque la gente que le rodeaba (familia y amistades) se lo habían recomendado.

El 36,9% de las participantes que señalaron que alguna vez en su vida habían hecho dieta, indicaron que la última dieta la hicieron hace menos de un año y el 29,5% estaba haciendo dieta en la actualidad, lo que significa que 1 de cada 6 mujeres jóvenes del total de encuestadas está haciendo dieta en la actualidad.

De todas las participantes que han realizado alguna dieta para adelgazar, el 71,1% ha recuperado el peso perdido después de hacer la dieta: 25,5% entre el primer mes y los 5 meses después; el 26,2% entre los 6 meses y el año después; y el 19,5% a partir del año después de haberla realizado.

De todas las participantes encuestadas, 81,4% ha restringido algún alimento o ha comido menos un día porque había comido algo que “no debía”; de las cuales un 28,3% lo hizo de manera aislada, un 38,9% varias veces y un 14,2% siempre que come algo “que no debe”. 8 de cada 10 mujeres jóvenes encuestadas al menos alguna vez ha restringido algún alimento o ha comido menos porque ha comido “algo que no debía”.

El 61,1% de las encuestadas ha realizado alguna vez más ejercicio porque había comido “algo que no debía”. 6 de cada 10 mujeres jóvenes encuestadas ha realizado ejercicio de manera compensatoria; un 27,5% de manera aislada, un 28,3% varias veces y un 5,3% siempre que come algo “que no debe”.

Por último, se dejó una pregunta abierta para que las participantes pudieran comentar algo más a la que respondieron 44 mujeres jóvenes, donde se evidencia el determinante fundamental a la hora de tener malas relaciones con el cuerpo y la comida: el factor psicosocial. Los principales factores socioculturales son los medios de comunicación masiva, que portan y construyen cánones de belleza; las amistades, con quienes se comparan frecuentemente; ser educadas con estereotipos y roles de género que les enseñan que su valor reside en ser atractivas para el sexo opuesto; y la familia, que valora la imagen corporal desde el sentido de la salud.

Cabe destacar que las violencias corporales también se perpetran contra las mujeres que no cumplen con los cánones de belleza por tener una constitución delgada, se evidencia a lo largo de toda la encuesta que el problema de la violencia machista contra las mujeres expresada mediante la violencia corporal va más allá de la gordofobia, por lo que consideramos que es fundamental entender que la violencia corporal es una de las múltiples violencias que sufrimos por el hecho de ser mujeres y la violencias más normalizada e interiorizada, es una violencia que atenta contra aquello que hace posible nuestra existencia, contra nuestros cuerpos sean éstos como sean, al mismo tiempo que nos sitúa como conciencia corporeizada, es decir, como una existencia meramente corporal al servicio de otros, nos enseñan a ser cuerpo deseado sometido al servicio de los seres deseantes.

Desde el programa No Seas Presa de la Talla os animamos a uniros a la lucha por visibilizar y denunciar las violencias corporales y estéticas que sufrimos las mujeres, violencias machistas recibidas a través de la imposición de cánones de belleza patriarcales que nos mantienen en una continua insatisfacción con nuestros cuerpos y nos impiden vivir una vida plena y libre de violencias.